Sïntesis de Imperio por Nelson Villarreal
PRESENTACION libro "IMPERIO"
M. Hardt - A. Negri , 2000 - (castellano 2001)
presentación de Nelson Villarreal - D3E
Introducción
El libro cobró pesó en el FSM -2002, se apoya en los fenómenos de multitud ciudadana después de Seatlle 99. El prefacio es una síntesis de las tesis y las cuatro partes en las que se divide el libro. Se plantea cual es la constitución política del presente, la complejización del concepto de soberanía , las formas de producción y finalmente la declinación y caída del imperio ante la multitud. Es un libro que ha sido comenzado tras la Guerra del Golfo (1991) y terminado antes de la guerra de Kosovo, dos acontecimientos que se nos dice marcan la señal y la localización temporal de la construcción de Imperio.
La constitución política del presente
El proceso de constitución de un orden mundial es abordado primero por las formas jurídicas que han desencadenado la actual constitución de Naciones Unidas. Plantean que "las respuestas teóricas hacia la constitución de un poder mundial supranacional han sido totalmente inadecuadas", pero esa es la direccionalidad que debe seguirse.
Se plantea que en el capitalismo actual hay una contradicción entre la política y el desarrollo socio-económico. "Las nuevas formas jurídicas, revelan una primera visión de la tendencia hacia la regulación centralizada y unitaria del mercado mundial y las relaciones globales de poder, con todas las dificultades que presenta dicho proyecto". (1.1)
Del imperialismo al imperio: una nueva forma de soberanía
A partir de la constatación que la globalización supone una liberalización de la lógica del mercado respecto a los controles estatales, se aborda la cuestión de la soberanía.
Al comienzo se realiza un recorrido del concepto de soberanía, que se inicia al comienzo de la modernidad europea (momento que culmina hacia el siglo XVII con Spinoza), pasa por su crisis y la reacción contra esa visión en la ilustración –hasta Hegel- y concluye en la resolución de esa crisis, transitoria, mediante la instauración del estado-nación como la visión trascendente de la soberanía. Las nociones de estado, nación, pueblo y representación son sometidas a una rigurosa crítica a lo largo de este recorrido. Ponen bajo sospecha y el concepto de nación tanto de los países centrales como periféricos. Se centran en la crítica del imperialismo. Cuestionan el supuesto revolucionario del nacionalismo: "la cadena lógica completa de la representación puede ser resumida como sigue: el pueblo representando a la multitud, la nación representando al pueblo, y el estado representando a la nación (...) Desde la India hasta Argelia y desde Cuba hasta Vietnam, el estado es el legado envenenado de la liberación nacional" (id., 134). El cuestionamiento de esta noción de soberanía nacional, tanto en el centro como en la periferia, sería indicativa a su vez del pasaje hacia la nueva forma de soberanía imperial.
El concepto de Imperio es algo distinto de imperialismo, en el segundo sitúa la modernidad y en el primero la posmodernidad. El Imperio tiene que ver más con el modelo imperial antiguo, fundamentalmente el modelo imperial romano, que con el imperialismo moderno colonialista. El imperialismo se caracterizaba por una extensión de un poder central-nacional que marcaba los límites, mientras que el primero tiene como característica fundamental su carencia de centro ni de fronteras definidas, es un sistema que no tiene afuera. Aparece ante sí mismo como fin de la historia (tesis de Fukuyama) y como orden eterno y atemporal de paz perpetua y definitiva.
El cambio desde el imperialismo moderno al Imperio postmoderno responde a transformaciones rastreables en el modo de producción capitalista, supone el mismo cambio de la modernidad a la posmodernidad. De la producción industrial como eje vertebrador se ha pasado a la prioridad de la producción de la propia vida social (la denominada biopolítica), donde se mezcla lo económico, lo político y lo cultural, sin poderse aislar esas esferas entre sí
El imperialismo se ha acabado y ni los Estados Unidos ni ninguna otra nación puede arrogarse hoy en día ese papel. De igual forma los autores reconocen, al mismo tiempo, que los Estados Unidos tienen una posición privilegiada en esa nueva forma de soberanía emergente que denominan Imperio, están en su vértice.
La tesis central del libro es que al capitalismo globalizado contemporáneo corresponde una "nueva forma de soberanía": el imperio. "Es el sujeto político que regula efectivamente estos intercambios globales, el poder soberano que gobierna el mundo" (ver Prefacio). La soberanía del imperio suplanta en parte y a largo plazo la soberanía de los estado-nación, en tal sentido no debe confundirse esta realidad con la extensión de ningún imperialismo nacional. Esto lleva a superar la visión marxista-leninista relativa a la cual "el imperialismo es la expansión del capitalismo nacional hacia espacios mundiales, que crea una jerarquía a través de la centralidad de las grandes potencias. El estado nación no es ya el sujeto del desarrollo mundial capitalista. El mercado global es una realidad, en la cual las naciones van a diluirse. No estamos diciendo que el estado nación ya no exista, pero sí que seda una transferencia esencial de su soberanía". Esta visión replantea los conceptos de "globalización" y "nuevo orden mundial.
La declinación de la soberanía asociada con los estados-nación no puede implicar en su análisis una declinación de la soberanía en sí misma, es decir, de esa regulación política de la acumulación que habría alcanzado su cima en los estados imperialistas-keynesianos de posguerra, sino un desplazamiento de la soberanía hacia una instancia distinta y superior según los autores.
El rasgo más distintivo de la nueva forma de soberanía radica en su doble carácter global, sin afuera, y a la vez descentrado, presente en todas partes, caracteres ambos incompatibles con la soberanía del estado-nación. El imperio se ve enfrentado así a las diferencias, a las que incluye, afirma culturalmente y maneja y jerarquiza en una nueva modalidad de comando sobre microconflictos que se multiplican. Hardt y Negri asocian esta nueva modalidad de comando con un nuevo paradigma de poder, el "control", generalización del paradigma previo, "disciplinario" (Foucault). Un nuevo paradigma de "biopoder" de naturaleza rizomática (Deleuze y Guattari), completamente inmanente a la sociedad y a la producción y reproducción de la vida misma, inscripto en los cuerpos y los cerebros de los ciudadanos, interiorizado a través de los medios de comunicación, las políticas de bienestar, etc. Los autores asocian esta nueva modalidad de comando a una nueva constitución que, retomando las formas polibianas, tiene su monarquía en EEUU y su monopolio de la coerción, su aristocracia en las corporaciones transnacionales, los estados-nación centrales y sus asociaciones, como el G7, con su manejo de instrumentos monetarios, y su democracia en los restantes estados-nación y ciertas grandes ONGs humanitarias. Pero, a diferencia de la polibiana original, se trataría de una constitución híbrida (no mixta), dispuesta en funciones (no en cuerpos) y, por sobre todas las cosas, propia de aquella modalidad de comando como un control inmanente (y no como disciplina trascendente). Una fuerte vaguedad signa así la caracterización de esta nueva forma de soberanía del imperio.
El imperio está asociado entonces a la emergencia de un "derecho de intervención" –que en realidad es tanto "militar" (con EEUU y la OTAN como ejecutores) como "moral" (con las ONGs humanitarias)-, una suerte de "estado de emergencia y excepción permanente justificado por el llamado a valores esenciales de justicia" (1.1, 18). Este derecho de intervención se habría aplicado por primera vez en la operación "tormenta del desierto" y, naturalmente, es un postulante serio para explicar la operación "justicia infinita" "La importancia de la guerra del golfo -escriben en este sentido- deriva del hecho de que presentó a los Estados Unidos como el único poder capaz de manejar la justicia internacional, no en función de sus propios motivos nacionales sino en nombre del derecho global" (2.5, 180). EEUU opera como agente de esa "noción común de derecho" que mencionamos antes y que es específicamente imperial. ¿Qué pasa en el 2003 con la nueva guerra?
La nueva forma política: la bio-política
El quiebre entre lo público y la privado de la modernidad desaparece y la objetividad material se entremezcla con la subjetividad cultural. La noción de biopolítica expresa la política de Imperio, engarza con la genética, remitiendo igualmente a los estudios de Foucault sobre la correlación entre el humanismo moderno y el desarrollo de las llamadas ciencias humanas: "El Imperio no sólo regula las interacciones humanas sino que también busca directamente gobernar sobre la naturaleza humana. El objeto de su gobierno es la vida social en su integridad", por eso se presenta como el paradigma del "biopoder", o poder sobre lo viviente. "Un poder capaz de producir subjetividades y cuyas resonancias ahora devienen nietzschianas, respecto a la voluntad de poder no en cuanto voluntad de potencia sino en cuanto voluntad de dominio". (1.2)
En el intermezzo se plantea la tesis que Imperio significa también la apertura de nuevas posibilidades para las fuerzas de liberación, no solo de dominación. No se tratará por tanto de resistir a ese poder irresistible sino más bien de reorganizarlo y canalizarlo en otras direcciones, "como la libido freudiana el poder no es eliminable, sólo dirigible y las fuerzas creativas de las multitudes que sostienen el Imperio son las llamadas a construir autónomamente un Contra-Imperio: una organización política alternativa de los flujos e intercambios globales". (pág. 148)
En este sentido las alternativas y luchas por nuevas formas democráticas y por un "nuevo poder constituyente" sólo podrán surgir desde dentro del Imperio. Dado que el Imperio ya no es algo geográficamente localizado sino un poder desterritorializado y deslocalizado, la resistencia y los cambios pueden surgir en cualquier parte del mundo a partir de la multitud. El poder actualmente no está limitado a ninguna región, aunque la genealogía de Imperio está en Europa y Norteamérica porque allí es donde se encuentra el origen del modo de producción capitalista.
El libro se muestra como una transición teórica entre lo moderno y lo postmoderno, entre Marx y Deleuze, sin que lleguen a primar las categorías del primero ni las del segundo. Las subjetividades se producen pero aún los acontecimientos históricos no son singularidades micropolíticas, aún no está todo desterritorializado. Asi emerge el concepto de multitud dado que no hay sujetos sociales específicos como en la modernidad, y es en la contracción del imperio y multitud que emergen las alternativas.
A más de tres décadas de desencadenada la crisis que puso fin al capitalismo de posguerra, cuyo origen remite al arco iris de luchas sociales surcó el mundo hacia fines de los 60 y comienzos de los 70, se impone el reconocimiento de que vivimos en un período nuevo y distinto del desarrollo capitalista. ¿Cómo interpretar las tendencias hoy vigentes en el mercado mundial y el sistema internacional de estados?
"Hemos de aceptar este cambio y aprender a pensar globalmente y a actuar globalmente. La globalización debe ser enfrentada con una contra-globalización, el Imperio con un contra-Imperio" (Intermezzo, 207), sostienen, prefigurando así ese movimiento global de resistencia anticapitalista que se pondría en marcha unos meses más tarde en Seattle.
Es interesante advertir, de paso, que el posmodernismo y el fundamentalismo son presentados ambos como síntomas de ese pasaje entre los ganadores y los perdedores, respectivamente, del proceso de globalización. Respecto del denominado "fundamentalismo" escriben: "Es más correcto y más útil (...) entender los distintos fundamentalismos, no como la recreación de un mundo premoderno, sino más bien como un poderoso rechazo del tránsito histórico contemporáneo en curso. En este sentido, como las teorías posmodernistas y postcolonialistas, el fundamentalismo también es un síntoma del pasaje hacia el Imperio" (2.4)
El Imperio y el capitalismo actual: en y contra el Imperio
"Hay una alternativa implícita en la obra de Lenin: o bien la revolución comunista mundial o bien el Imperio" (3.1). El imperio aparece así, en ausencia de esta revolución comunista, como una suerte de realización de aquella tendencia hacia el ultraimperialismo.
Los autores del libro plantean que el mercado mundial "establece una verdadera política de diferencias" se ven "claros paralelismos entre las prácticas contemporáneas de mercado y los preceptos del posmodernismo". "El mismo mercadeo es una práctica basada en las diferencias, y cuanto más estén dadas, más estrategías de mercadeo pueden desarrollarse". "Lo esencial para la administración posmoderna es que las organizaciones sean móviles, flexibles y capaces de tratar con la diferencia." La empresa capitalista gerencia la diversidad por lo que tiene que articular en red (2.4).
Ahora bien ¿cómo se instaura efectivamente este imperio? los autores remiten a un New Deal, fundante del modo disciplinario de gobierno (disciplinary government) correspondiente al imperio, que se extendería a escala mundial como una combinación de imperialismo y reformismo hasta constituirse en el "orden disciplinario mundial" asociado con la producción en masa fordista y los estados keynesianos de posguerra. Los procesos de descolonización, de inversiones internacionales y descentralización de la producción, de guerra fría y americanización, entre otros, serían los motores de este pasaje. El pasaje habría conducido hacia una extensión a escala mundial y una plena realización de la subsunción real del trabajo al capital, mediante la conversión del "obrero masa" fordista en el "obrero social" posfordista que resulta de la creciente socialización del trabajo (informatización de la producción, indistinción entre trabajo productivo e improductivo y entre fábrica y sociedad, conversión de la valorización en auto-valorización, etc.) y el advenimiento de una economía postindustrial organizada en redes de producción descentralizadas, aunque centralizada a través del comando de los servicios financieros. Es esta realización extendida de la subsunción real la que requiere, a su vez, el pasaje desde esa soberanía imperialista sustentada en un paradigma disciplinario hacia una soberanía imperial sustentada en un nuevo paradigma de control.
"La historia de las formas capitalistas es siempre necesariamente una historia reactiva" (3.3., 268). La transición hacia el imperio es así resultado del "asalto al orden disciplinario" que cierra la era de posguerra a fines de los 60 y tanto en el capitalismo avanzado (el mayo francés, el otoño caliente italiano) como en los atrasados (Vietnam). "Uno puede incluso decir -sugieren- que la construcción del Imperio y sus redes globales es una respuesta a las varias luchas contra las máquinas de poder modernas, y específicamente a la lucha de clases llevada adelante por el deseo de liberación de la multitud" (1.3., 43). En una posición regulacionista: "el sistema entró en crisis y cayó a causa de su incapacidad estructural para ir más allá del modelo de la gobernabilidad disciplinaria, con respecto a la vez a su modo de producción, que era fordista y taylorista, y con respecto a su comando político, que era keynesiano-socialista y entonces simplemente modernizante internamente e imperialista externamente" (3.3., 277).
La política se constituye como la acción de la multitud "en el Imperio y contra el Imperio" (pág 61), en pocas palabras. "Nuestra tarea política no es simplemente resistir estos procesos sino reorganizarlos y dirigirlos hacia nuevos fines. Las fuerzas creativas de la multitud que sustentan el Imperio son también capaces de construir autónomamente un contra-Imperio" (Prefacio, XV). Es en este sentido que, ante el imperio, reclaman "deshacerse de toda nostalgia por las estructuras de poder que lo precedieron y rechazar toda estrategia política que implique un retorno a estos viejos órdenes, tales como intentar resucitar el estado nación para protegerse contra el capital global" (pág. 43).
La gobernabilidad disciplinaria (3.2) lleva a la necesidad de un nuevo acuerdo para el mundo. "La nueva escena global fue definida y organizada principalmente alrededor de tres mecanismso o aparatos: (1) el proceso de descolonización que recompuso gradualmente al mercado mundial a lo largo de líneas jerárquicas ramificadas desde los EEUU; (2) la descentralización gradual de la producción; y (3) la constitución de una red de relaciones internacionales que distribuyen por todo el planeta el régimen productivo disciplinario y la sociedad disciplinaria en sus sucesivas evoluciones" (pág. 174). Se da un nuevo mecanismo de control general de los procesos globales y un mecanismo que puede coordinar políticamente "las nuevas dinámicas de dominio global del capital y las dimensiones subjetivas de los actores". Debe "ser capaz de articular la dimensión imperial del comando y la movilidad trasversal de los sujetos"
El poder en red, la soberanía de EEUU y el nuevo Imperio muestran la contradicción del sistema (imperio extensivo-fronteras abiertas-cierre del espacio imperial) que busca su centralización a la vez que se multiplican los subsistemas. Sin embargo, para los autores, sigue una pirámide de constitución global de un nuevo mundo "que aparece como un conjunto desordenado e incluso caótico de controles y organizaciones representativas". Tiene su cúspide en la superpotencia de EEUU que ejerce hegemonía sobre el mundo. Por debajo se articulan las redes de corporaciones del capitalismo trasnacional "que se estructura mediante las redes del mercado mundial, de flujo de capital, flujos tecnológicos y poblacionales. Finalmente aparece la Asamblea Geral de las Naciones Unidas y dentro de ella los países subordinados a las grandes potencias (3.5)
"El cambio de paradigma de producción hacia el modelo de redes ha alentado al poder creciente de las corporaciones trasnacionales mas allá y por encima de las fronteras tradicionales de los Estados-nación" (3.5)
Se pueden distinguir tres tipos de trabajo inmaterial, primero el pasaje de la producción industrial a la informatización con las tecnologías de comunicación, segundo el trabajo inmaterial de las tareas analíticas y simbólicas, la tercera supone una manipulación y producción de afectos que se desarrolla en el contacto humano (virtual o real). Estos serían los tres tipos de trabajo que dirigen la posmodernización de la economía global.
Esta posmodernización como dijimos lleva a la descentralización y la producción en red. Se ve a las redes de información y producción inmaterial que quiebran los limites territoriales y afirman la globalziación
La respuesta del capital a la crisis lleva a un cambio de paradigma que desplaza las lógicas y prácticas de la modernización disciplinaria, pero aún no se sabe dónde culminarán.
Una mirada desde "los nuevos movimiento sociales" que han insistido en la dimensión cultural muestra la insuficiencia de la perspectiva meramente económica de los cambios actuales.
La multitud
Se platea "al pobre" como sujeto social genérico. "El único nombre no-localizable de diferencia real en todas las eras es aquel del pobre. El pobre es destituido, excluido, reprimido, explotado- ¡y sigue viviendo! Es el común denominador de la vida, la fundación de la multitud". (pág. 119)
"¿Pero quién es el sujeto que produce "trasversalmente", que le da un sentido creativo al lenguaje-quién sino los pobres, que están subyugados y deseantes, empobrecidos y poderosos , siempre mas poderosos? El proio pobre es poder. Hay Pobreza Mundial, pero sobre todo hay Posibilidad Mundial, y solo el pobre es capaz de esto". La multitud de pobres, cada pobre, han fagocitado a la multitud de proletarios. "El descubrimiento de la posmodernidad consistió en la reproducción de los pobres en el centro del terreno político y productivo" (pág 120)
Emergen los nuevos bárbaros, el no-lugar de la explotación que reclama una exterioridad para lograr una nueva alteridad. "El poder imperial ya no puede resolver el conflicto de las fuerzas sociales mediante esquemas que desplacen los términos del conflicto. Los conflictos sociales que constituyen la política se confrontan entre ellos directamente, sin ningún tipo de mediación." (4.3)
La multitud contra el imperio deviene en la búsqueda y afirmación del derecho a la ciudadanía global, el derecho a un salario social, el derecho a la reapropiación mediante la biopolítica de la igualdad y la solidaridad.
